
Por: Pedro Domínguez Brito
03-09-2009 En estos días he reflexionado mucho sobre si ahora nuestra sociedad es más corrupta que antes. Y esto abarca, sobre todo, a gobernantes y gobernados. Aunque a algunos les parezca extraño, creo que la corrupción ha disminuido bastante en los últimos años, sin negar que hemos visto con estupor casos importantes de vulgares robos al erario público, con el agravante de que no ha habido condenas.
Pero, a grandes rasgos, la corrupción ha disminuido. Veamos, por ejemplo, los tres poderes del Estado.
En el Ejecutivo, si uno visita una oficina pública, ya la famosa “picada” no es lo común, al contrario, en la mayoría de instituciones se nota transparencia y un servicio honesto al usuario. Como muestra, ahora se procura un pasaporte o una licencia de conducir sin necesidad de buscones o de darle dinero a nadie.
En el Legislativo, ya la corrupción es cosa del pasado, al menos es lo que se percibe, allí no existe el hombre del maletín, no se compran o venden proyectos al mejor postor, como era común.
En el Poder Judicial es donde más se ha notado el avance, y aquí incluyo al Ministerio Público. Todos recordamos cuando la justicia era un mercado, donde muchos jueces y fiscales tenían la palabra corrupción en la frente. Gracias a Dios, ya tenemos un Poder Judicial que, con sus fallas, actúa con integridad y eficiencia.
Por todo esto es que afirmo que estamos avanzando en materia de control de la corrupción, aunque la falta de vigilancia y de sanción, evidentes por demás, nos hagan pensar que no es así.
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