
Por: Pedro Domínguez Brito
07-09-2009 En estos días, por casualidad, me he encontrado con ciertas personas pesimistas, esas que resaltan lo negativo de las cosas, que nunca están conformes y que cuando las saludas te responden que están en la miseria, y lo hacen hasta sonriendo. Trato de huir de esos seres.
Esquivo, además, a los que temen triunfar, a los frustrados que le huyen al éxito alcanzado en buena lid, a los ciegos de horizontes.
A todos esos los prefiero lejos. Y los hay de todas las clases sociales, de todas las razas y religiones, de todo nivel académico.
Me fascina buscar el lado bueno de cada asunto (que siempre lo hay), sin perder la noción de la realidad; aunque el camino esté repleto de obstáculos siempre hay un digno modo de llegar a la meta.
Aplaudo a todas las personas con energía positiva, esas que sólo tienen como límite sus sueños, porque nadie se eleva más allá de sus ideales, pues si piensas que llegarás sólo hasta allí, de allí jamás pasarás.
Somos nosotros los que construimos y destruimos. O nos caemos o nos levantamos. La decisión es nuestra. Tener voluntad con nobles propósitos es la consigna, y quien tiene esa voluntad conquista lo que quiera.
Así que dejemos de quejarnos, que las fronteras en la vida nos la ponemos nosotros mismos.
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