
Por: Pedro Domínguez Brito
28-09-2009 Pocas veces nuestros pueblos latinoamericanos han estado tan unidos. Pocas veces las principales instituciones internacionales y regionales han hablado el mismo idioma. Pocas veces un gobierno de facto ha tenido la repulsa de todo el mundo, menos de los que se aprovechan del mismo.
Me refiero al caso hondureño, donde el golpista Roberto Micheletti no quiere ceder el paso al presidente legítimo, Manuel Zelaya, constituyendo éste uno de los episodios más oscuros de nuestra historia reciente, donde resultaba impensable un golpe de Estado con éxito.
Pero con todo lo que está ocurriendo en estos días en el hermano país centroamericano, creo que pronto se restablecerá a su presidente legítimo. Y es que ya los usurpadores del poder tienen todas las puertas cerradas. No hay posibilidad de que se mantengan ni a mediano plazo. Incluso, puede ser cuestión de horas.
Lo peligroso de todo es que para evitar el regreso de Zelaya, los miembros del gobierno de facto decidan recurrir a métodos violentos, con derramamiento de sangre, sin descartar una guerra civil.
Y si osan penetrar a la embajada de Brasil, donde Zelaya está en calidad de huésped, sí que se estarían lanzando al precipicio, donde estarían a la vuelta de la esquina para ser sometidos a las cortes penales internacionales.
Ojalá el desenlace sea pronto, como todo indica. No podemos permitir retrocesos, que demasiado nos ha costado la incipiente democracia que hemos conquistado.
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